El Bar de Sanborns

Estoy sentado terminando mi comida en un bar de Sanborns… sí, lo sé, es increíble (literal), por lo menos para la gente que me conoce, no lo pueden creer.

El tema es el siguiente y me imagino es lo que pasa con los “guilty pleasures”, no hay explicación racional del porqué, simplemente lo haces y recibes placer a cambio, pero, tratando por mucho tiempo de explicarlo y explicármelo, hoy mientras termino mi hamburguesa “británica” y tomo las últimas gotas de mi primera cerveza (dos por uno), me cae el veinte.

Necesito al bar de Sanborns. Ya está, lo dije, incluso a veces necesito a Sanborns y antes de que a mis familiares y amigos anti-consumistas, ecológicos y veganos (plant-based) les de un ataque, les explico…

Hace unos 20 años aproximadamente, leí que Gunther Gerzo, importante pintor mexicano de origen alemán (mi favorito por cierto), solía trabajar (pintar) con la televisión encendida al lado, sin importar si estuviese una telenovela, noticiero o lo que fuera, la explicación que daba era que el “ruido” de cosas banales hacía que su mente bloqueara dicha información y por lo tanto creara una especie de “visión de túnel” que por consiguiente le provocara un enfoque profundo… ¿ya vieron por dónde va?… a mi me pasa algo parecido.

Soy una persona que tiene más de una pasión y muchos intereses, para bien o para no tan bien, tanto que hace un año empecé una carrera nueva en tecnología, Big Data, analítica y esas cosas (ahora hago caminatas Godin), pero la mayoría de la gente sabe que soy arquitecto, ultra-clavado, loco por el diseño, la filosofía, los libros, las bicicletas y mejor dicho el ciclismo, correr, nadar, los autos clásicos, los veleros, los relojes mecánicos (léase alta ingeniería y diseño)… o como diría Rafael Fierro, gran maestro de arquitectura que tuve, me apasiona “La Alta Factura”… y por supuesto la tecnología, que más que la tecnología en sí, creo que lo que me fascina es el avance de la humanidad, la invención, la ciencia, los retos, el alto rendimiento, lo potencial.

De modo qué, con esta cabeza multi-clavada, a veces necesito ir a descansar (enfocarme) a lugares banales, sin información estética o intelectual que procesar, sin que me provoquen una reflexión o demanden una postura… a veces me saturan los lugares comunes, como cuando vas a comer a algún lugar en donde la gente se viste igual, trabajan en lo mismo y peor tantito el diseño del lugar sigue la nueva “tendencia” de diseño (maderita, latón o cobre, piedra… yo hice algunos) o la versión hipster, ósea repetición de patrones, losetas de pasta y plantas (también hice algunos). ¡Ojo!… me gustan mucho esos lugares y voy cuando la relación diseño-calidad-precio es buena, pero escapar de vez en cuando a un lugar que propicie la desconexión, la no pretensión, me encanta.

En el bar de Sanborns me desconecto observando a la gente como un extranjero por primera vez en mundo nuevo, me divierten los personajes, lo chafa de la decoración, el sonido ambiental, la televisión con deportes que por lo general me importan un pepino, sí, lo confieso también, me vale madres el fútbol, el béisbol, los programas de discusión y debate (salvo El Show de la F1)…

Si tan sólo pasaran las clásicas de primavera y de pavé, Paris-Roubaix… los Tours y Giros…

Aunque quizá no sería lo mismo.

H.

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